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miércoles, junio 3

Capítulo 4 #QQDMI

 Primer paso: Perdonar.



Pasé todo el lunes con un fuerte nudo en el estómago. No presté ni la más mínima atención a las clases y mucho menos a mis amigos. Ian y Al me hablaban pero estuve distraída todo el tiempo. En el trabajo no fue diferente, casi se me cae dos veces la caja de libros que estaba acomodando.

Mientras más se acercaba la hora de ver a Lucas, peor era el nudo que sentía. Mis nervios no cesaban.
Sentí mi celular vibrar en mi bolsillo, así que bajé las escaleras y me dirigí al baño para empleados, así podía leer el mensaje tranquila, ya que en el trabajo no debemos usar ningún móvil.


*Te paso a buscar por el trabajo, dime la dirección.*



No quería que conozca muchas cosas de mi vida, pero también quería hacer más rápido las cosas y volver temprano a casa. Le envié un mensaje con la dirección y a los diez minutos estaba entrando en la librería.
Al verme se acercó a mi, y en ese instante me di cuenta de los libros que tenía en mis manos Cincuenta Sombras de Grey.
Yo jamás leí ese libro pero si sabía de que se trataba, y por la sonrisa y las cejas elevadas de Lucas, supe que el también conocía la historia.



—No sabía que te gustaban estas cosas. — El me da una de esas sonrisas donde su hoyuelo se marca en toda su plenitud. Perfecto. Eso es él.



—No me gusta, solo estoy acomodando estos libros. — Miré fijamente el estante tratando de no pensar en el calor que sentía en mis mejillas.


— Entonces… ¿Por qué te ruborizas? — Lo  fulminé con la mirada y luego seguí con mi trabajo.



—Creo que deberías esperarme afuera, saldré en unos minutos. — Dije mientras terminaba de acomodar el último libro en su lugar.



— ¿Te pongo nerviosa? —



— ¡No! Pero tendré problemas, diez minutos y salgo. Espera afuera, por favor. —



— ¡Marlene!— Gritó Tom, el gerente del lugar. —Ya sabes lo de las visitas personales. —



— ¿Visitas personales?—  Lucas enarcó una ceja. — Tom— El se inclinó fingiendo leer el nombre en la remera — Estoy buscando un libro y ella estaba ayudándome.  —

Tom asintió, luego me dio una última mirada y se fue.



— ¿Lo ves?, espérame afuera por favor. —



—No, estoy buscando un libro. —



— ¿Tú?, ¿Un libro? Lo siento Lucas pero no imagino “Libro” y “Lucas” en una misma oración. —



— Creo que tienes una mala imagen de mí. — Me reí ante su comentario. — Son las seis. — Dijo.



—De acuerdo, espérame. Yo iré a cambiarme y te veo afuera. —



— ¿Necesitas ayuda? — Hice como que no lo escuché ni a él, ni a su risa.



Llegué al baño y me quité el uniforme que consistía con pantalón y chaqueta azul y una camisa blanca.
Una vez cambiada con mi short de jean, mi blusa blanca, y mis vans rojas salí del local. Mientras buscaba a Lucas con la mirada me solté el pelo, ya que nos obligan a llevarlo atado, pero me deje la pequeña trenza que se situaba como corona en mi cabeza.



—Te ves más joven con ese atuendo— Dijo Lucas, a lo que yo rodé los ojos.




—De acuerdo, ¿Hablaremos aquí o qué?— El rió fuertemente y yo fruncí el ceño.



—Sigues igual que siempre. Te gusta desafiarme ¿Verdad?— Dijo divertido.


Le di una mirada impaciente.





—Vamos, te llevaré a un lugar. —



— ¿A dónde?—



— Sorpresa Muller. Iremos en mi motocicleta, ven. — Yo estaba aterrada, no quería subirme a la moto.



— No pienso subir a ninguna moto, lo que quieras hablar lo haremos aquí. — El suspiró fuertemente.



Se acercó a mi, en ningún momento se perdió el contacto de nuestras miradas. Puso una mano en mi hombro. Yo temblé ante su tacto. Su mirada era seria.



— Te lo estoy pidiendo de buena manera. — Hablo despacio y respirando profundamente. Como si le costara mucho ser amable. —Ahora sube a la moto y luego hablaremos. — De acuerdo ahí se fue su poca “amabilidad”.
Me subiré solo porque me da intriga saber qué rayos quiere, y quizás, esto puede ser un paso para superarlo y pasar de página.



—Solo conduce con cuidado, ¿Si?—Dije y su sonrisa inundó su rostro.


Me subí a la maldita moto, no le tenía miedo. Era Lucas el que me aterraba.
No pensaba abrazarlo por lo que busqué algún lugar para agarrarme que no fuera él.



— ¿Qué esperas?— Pregunta impaciente.



— ¿Tú qué estás esperando que no arrancas?—



—Muller si no quieres caerte debes agarrarte de mí. Apúrate o me arrepentiré y te dejaré aquí tirada—



—Lo dices como si yo muriera por estar en esta maldita moto contigo. —



—Se que te mueres. — Comenzó a reírse.



Me bajé de la moto y comencé a caminar. No pensaba darme vuelta, no quería verlo, y tampoco quería ver si se había marchado.
El departamento estaba a diez cuadras de mi trabajo por lo que me llevó unos minutos llegar, cuando estaba por entrar sentí una bocina.
Al darme vuelta pude ver a Lucas. El muy jodido me siguió todas estas cuadras con la maldita moto negra.



 — ¿Vives aquí? — Preguntó.


No quería hablar con él, solo quería entrar al departamento y cerrar la puerta lo más fuerte que pueda, pero si entro tengo miedo que me siga y vea en que piso vivo.



— Maldición Lucas, ¿Qué quieres de mi?— El sacaba lo peor, él sabía como hacer que llegué al límite de la paciencia.




— Sube. —



Como la idiota que soy subí a la maldita moto, con el jodido e irresistible conductor, y rodeé mis brazos alrededor de su duro torso como había pedido que haga.
Traté de tocarlo lo menos posible, pero al final terminé apoyando mi cara a su espalda respirando su inconfundible aroma a menta. El estar tan cerca solo fue una escusa, la fuerza del viento hacía que mis ojos se llenen de lagrimas por eso oculté mi rostro y su espalda era el escudo perfecto.
Después de un viaje en silencio llegamos a un complejo de departamentos el dejo la moto en el estacionamiento del lugar, yo aún no entendía que hacíamos aquí.



 — ¿Vives aquí?— Pregunté y recordé que hace unos instantes el preguntó lo mismo.



—Si— Responde mientras me hace una seña con la cabeza para que lo siga. No sé por qué pero me entró miedo. Yo no quería estar sola con él. Sola con él en su departamento.




— ¿Qué hacemos aquí?—





— Solo necesito un lugar tranquilo, vamos a ir a la terraza— Responde con impaciencia.



—Ah— Respondí, pero mi miedo seguía.



Subimos por el ascensor al último piso, luego subimos una escalera, una vez terminada la escalera nos encontramos con una puerta, cuando Lucas la abre me encuentro con una terraza llena de flores, me pregunto quién habrá hecho este hermoso jardín. Hay sillas y mesas a juego con el lugar, todo está muy limpio.
Las luces que rodean la terraza hacen su trabajo sin arruinar la noche, se pueden ver a la perfección las estrellas. El clima cálido terminaba de cerrar el bonito lugar que tenía delante de mis ojos.
Me encuentro admirando todo, probablemente con la boca abierta. Siento a Lucas hablar a mi oído.



—Creo que te gusta el lugar. —



— Si… Perfecto — Digo mirándolo a los ojos. No sé si se lo decía a él o al lugar.



—Siéntate— Señala las sillas.



El se sienta enfrente de mí, no entiendo tanto misterio, y qué es lo que debemos hablar. Le dimos mucha vuelta a la cosa. Espero que quiera disculparse o algo por el estilo.




— ¿Y bien?— Le pregunté



—Solo quería hablar contigo por todo lo que pasó hace años, ¿Recuerdas cuando te fui a buscar al baño? — Claro que lo recuerdo, casi cometo un grave error ese día.
Asentí con la cabeza.



— Ese día me hiciste reflexionar, yo siempre fui un idiota contigo, pero ese día me asusté, no quería cargar con mi conciencia, ¿Entiendes? — Dijo.

Traté de entender, pero sólo podía ver su lado egoísta. No le importaba lo más mínimo lo que yo pudiera hacer, solo se preocupaba si tenía que cargar con que yo me haga daño por su culpa.
Esta conversación apenas empezaba y yo, ya quería largarme.



— Mira Lucas, yo jamás haría algo en mi contra. El intentar provocarme arcadas fue una estupidez, jamás me haría daño, no soy así. Tuve que lidiar con muchas cosas malas para perder el tiempo con tus insultos, solo era una niña. Ya cambié. — El me miraba fijamente.



— Estos tiempos sin verte… Pensé mucho ¿Sabes?, y entendí que necesito algo de ti. —



— ¿Qué? — Susurré.



—Tu perdón… ¿Me perdonas por todo lo que te hice? — Lo miré a los ojos, y vi que era sincero.
Creo que soñé con el día que él me pidiera disculpas, pero aún me sentía vacía. Es como si yo esperara algo más de él.



—  Quiero preguntarte algo. ¿Por qué yo?, Era como si me odiaras— Mi voz tembló en la última palabra de esa oración. No iba a llorar, y menos delante de Lucas.



Lucas suspiró audiblemente antes de responder.



— No te odiaba. Tenía algo contra ti, me parecía divertido molestarte. Eras un blanco fácil, eras débil, pero no era por eso solamente, la mayor razón fue porque eras la única que podía hacer que me sintiera inseguro. — El me miró estudiándome. Sé que mi mirada en estos momentos es dura, pero hago todo lo posible para no ponerme sensible.



— Dime, ¿Qué hice yo para que me tratarás como basura todo el tiempo? —



—Trato de ser sincero Muller, tuve muchos problemas, y me di cuenta que para seguir adelante, necesito tu perdón. Jamás le pedí perdón a nadie, jamás lo pediría, pero si me lo decís sé que me sentiré mejor. —


Algo se activó adentro mío, era algo negativo. Estaba enojada, a él solo le importaba mi perdón porque su conciencia le pesaba. Me está dejando en claro que no le importaba mucho lo mal que yo me sentí todos estos años, solo le importa lo que él puede sentir. Tengo ganas de gritarle que es un egoísta, un idiota y otras cuantas verdades.
Pero no lo haré, si lo hago seré vulnerable delante suyo, y se dará cuenta de mis verdaderos sentimientos.
Dentro de mí está naciendo una palabra llamada “orgullo”. Siento que no basta con un simple “lo siento”, el debe reconocer todo lo que hizo.
Sé que está siendo sincero con respecto a que quiere mi perdón, pero sus razones no son buenas.
A lo que me pregunté. ¿Quién rayos soy yo para negar el perdón a alguien?
Esa pregunta pudo conmigo.



— Muller, ¿Me perdonas? — Lo miré a los ojos una vez más, y silenciosamente, en mi mente, deseaba que el realmente entienda mi posición. Pero una vez más, el conseguiría lo que quería.
Jamás podría negarle el perdón a ninguna persona. Todos merecemos otra oportunidad, solo espero que el, pueda tomarla enserio.



— Te perdono… — Susurré mirando hacia la mesa.



— Gracias. — Suspiró. Sonó como si estuviera conteniendo la respiración.



— Es tarde y debo irme. — Hablé sabiendo que ya no había nada para hacer aquí. Me pidió perdón, lo acepté. Todo termina aquí, ahora puedo seguir.


— De acuerdo. —Dijo sin mirarme. Y ambos nos paramos quedando frente a frente.



— Adiós Lucas. — Le dije mirándolo fijamente.



— Puedo acercarte hasta donde vives. —



—No, puedo ir sola. —



— Muller— Habló firme y en tono de desaprobación. — No andarás sola, te llevo.



El trayecto hasta el estacionamiento fue en silencio.
No fue un silencio incomodo, al menos para mi, mis pensamientos no daban tregua, no podía parar de pensar en sus “disculpas”, en lo que menos pensaba era en el silencio que nos rodeaba en estos momentos.
El dijo que jamás había pedido perdón, estoy segura que ha hecho daño, y no solo a mí. Por lo que me hace pensar que jamás le importó nada ni nadie.
Pero la pregunta es: ¿Por qué a mí me pidió que lo perdonara?
Sentía curiosidad, pero no quería hacer preguntas, no quería hablar, solo quería llegar a casa ponerme mis auriculares escuchar música a todo volumen y taparme con la sábana hasta la cabeza.

Nos subimos a la motocicleta y volvimos de la misma manera que hoy, solo que esta vez, no enterré mi cabeza en su espalda.
No quería tocarlo, no quería su cercanía, la verdad es, que no quería extrañarlo una vez que haya llegado a casa.
Tengo miedo de mis sentimientos, no quiero enfrentarlos, ya enfrenté bastante por hoy. No quiero reconocer lo que el provoca en mi.

Estacionó la moto en la vereda, me bajé y acomodé mi ropa.
Noté que el auto de Ian estaba estacionado en mi cuadra, es raro ya que el no me aviso nada… Creo.


— Gracias por traerme.  — Dije mirando mi celular.

Tenía dos mensajes de Ian y algunas llamadas perdidas.


*Lene iremos con Bruno a tu casa a cenar, ya hablé con Aldana y estuvo de acuerdo, aprovecharemos que nadie debe levantarse temprano mañana.*

*¿Lene dónde estás?, ¿A qué hora vienes?*


— ¿Sucede algo? — Lucas habló, por un momento olvidé que seguía ahí. El me miraba con el ceño fruncido.



— Nada, solo que no avise que llegaría tarde. —



— oh, veo que tu novio es controlador. — Su sonrisa burlona se expandía por su rostro.



— No es mi novio. —



— Tu dijiste que sí. —



— No, tú suponías eso. — Dije cruzándome de brazos



— Tú me lo confirmaste. — Responde tranquilamente.



— Da igual, no es mi novio. Debo subir. —



— Si, definitivamente es un controlador. —Dice.



— Adiós Lucas, gracias por traerme. — Respondí sin ganas.
No quería pelear, acababa de perdonarlo.



—Adiós Muller. — Arrancó su moto y salió apresuradamente.
Agradezco que no haya manejado de esa manera cuando estaba con él.



Subí por el ascensor hasta mi piso, cuando llegué a mi puerta agarré mis llaves y abrí suspirando. Sabía que todos me preguntarían donde había estado, y eso iba a molestarme.
Abrí la puerta y encontré a Ian y Bruno sentados en el sofá mirando televisión.



—Hola Lene — Me saludan ambos a la misma vez.



— Hola chicos, ¿Cómo están? — Saludé


Genial no me han preguntado nada, lo bueno es que no tengo por qué darle explicaciones, pero no quería ser descortés evadiendo la pregunta.
Al llegó desde la cocina sonriendo mientras elevaba una ceja.
Luego como si hubiera recordado que llegué tarde frunció el ceño, puso sus manos en su cintura y me preguntó:


—Lene, ¿Dónde has ido después del trabajo? —



Joder.

En ese momento sonó el timbre.



— Chicos vayan ustedes, yo iré a buscar los vasos y la bebida. — Dijo Al.


Los chicos bajaron a buscar el pedido, así que aproveché la situación para hablar con Al.



— Escucha no hagas muchas preguntas, pero te contaré donde estuve, prometo decirlo más tarde cuando los chicos se vayan, ¿Si? —



—Oh, no me digas que te volviste loca y estás haciendo de tu vida lo mismo que hace una rebelde y chica temeraria. — Dice y luego se tapa la boca riéndose.



— Joder Aldi, ¡No! — De acuerdo, le voy a decir todo rápidamente y los detalles los dejaré para más tarde. — Resulta que volví a ver a Lucas Dubois, nos encontramos y quedamos para vernos y charlar. Hoy hablé con él y me pidió disculpas por todo lo que sucedió y… Las acepté. — Al me miraba con la boca abierta y las cejas levantadas.



— ¿Qué?, ¿Te dijo algo malo?, Si dijo algo que te haga mal juro que…—



La interrumpí — Tranquila. No dijo nada malo, reconoció todo lo que hizo y quiso pedirme disculpas. Ya pasó, éramos niños prácticamente. — Suspiré



—No sé Lene, jamás me gustó ese chico, y eso que nunca lo conocí. —



Estaba por decirle que si lo conoció, que es el mismo de la tienda, pero justo los chicos abrieron la puerta llegando con el pedido… Pizzas.

Nos sentamos a comer todos en nuestra pequeña pero cómoda mesa redonda.
Ian habló la mayor parte de la cena, yo solo asentía y hacía unos pocos comentarios.
Bruno estuvo mirándome fijamente toda la noche, y cada vez que lo pillaba me sonreía achinando sus ojos.
La verdad es, que Bruno es un chico agradable, y muy lindo, tiene un cuerpo de atleta en eso se parecen con Ian. También tiene una sonrisa encantadora y pestañas increíblemente largas, creo que muchas chicas se le deben tirar encima, pero… Lucas es Lucas.
Y ahí estoy yo, pensando en Lucas cuando sé perfectamente que él jamás sentirá por mí lo que yo siento por él. Debo borrarlo de mi mente, debo superarlo.
El primer paso lo di hoy perdonándolo, pero aún faltan muchas cosas, soy optimista.

Mi celular vibró avisando que tenía un mensaje, presentía que era Lucas. Y no me equivoqué.


*¿Cómo llegaste chica controlada?*



*Eres imposible, ¿Lo sabes?*



*No, solo digo la verdad.*


*No, dices lo que quieres… En todo caso sería mi problema.*


*En eso tienes razón, pero tú no eres así.*



*Tú no sabes como soy.*



*Si que lo sé. Te conozco hace más tiempo que él.*


El no me conoce, solo tiene ganas de molestar.  Creo que volvió el Lucas molesto. Al menos no me insulta ni hace comentarios hirientes. Va mejorando, supongo.


*De acuerdo, me conoces. “Tu ganas”.*



*Siempre gano Muller.*



No contestaré a ese mensaje.
Traté de concentrar mi atención a la conversación pero veía que Ian y Al estaban discutiendo


 — Las pizzas de Don Giovanni son mejores que las de “la torre de pisa” — Dijo Al.



—  En ambas pizzerías los dueños son italianos. — Dice Ian riéndose.



— Eso no prueba nada, Don Giovanni es el mejor. — Responde ella cruzando los brazos.



Es gracioso verlos discutir por tonterías, es gracioso cuando ninguno está enojado. Generalmente Al es la que se enoja, pero siento que en el fondo se quieren. Ojala sea así.

Yo seguía hablando poco. Nadie lo había notado o nadie quería preguntarme cosa que agradezco.
Mi celular vibró de nuevo.



*Mulleeeer debo vertee.*


*¿Lucas tienes fiebre o algo así?*


*No, ¿Puedees venir hasta mi departamentoo? Pagaré tu taaxi.


Esto era una broma. Seguro era una broma, presentía que estaba borracho por como escribía, era eso  o otra persona estaba escribiendo con su celular.
Recordé a Lucy de inmediato.
Mi celular vibró con más intensidad esta vez, me levanté de la mesa, afortunadamente ya habíamos terminado de comer así que no quedé como una grosera frente a todos.
Me dirigí a mi habitación para atender mi celular.
Cerré la puerta y suspiré antes de atender.


*¿Lucas?*

*Muller, ¿Vienes o no?*


Mis pensamientos eran ciertos, el había tomado.


*No estoy para chistes Lucas, en un rato iré a dormir.*


*No me mientas, si no quieres venir dices la verdad y listo.* Respondió arrastrando las palabras y en tono malhumorado.


*Te dije que no estoy para chistes Lucas. ¿Acaso necesitas algo?*


*Solo ven… Por favor.* Y ese tono suave me hizo dudar, quería salir corriendo hacia él.


*De acuerdo, iré.*


Afuera había refrescado un poco por lo que me cambié por un jean largo y tomé una campera negra, cuando salgo de la habitación choqué con Bruno en el pasillo.



— ¿Te vas?  — Pregunta curioso, y frunciendo ligeramente el ceño.



— Si. — Respondí firme sin dar más explicaciones. Le sonreí antes de seguir por mi camino, el no merece que lo trate mal.



— Lene, ¿Dónde vas? — Preguntó Ian.

— Saldré un momento. — Dije mirando a Al, que entendió al instante hacia donde me dirigía. Su cara de preocupación me lo dijo.



— Te acompaño. — Me dijo Al.



— No. Iré sola, será un instante. —


Ian se me acerca y me habla despacio. — Lene, estás muy rara, ¿Sucede algo? —



— No — Sonreí. —Estoy bien. —



Antes de decir algo más tomé las llaves y salí casi corriendo. Tomé un taxi y me dirigí hacia el departamento de Lucas.
Mi celular vibró, era una llamada.


*Muller, ¿Vendrás?*



*Estoy a unas cuadras. ¿Te pasa algo?*



*Te espero afuera.* Dijo despacio y cortó.



Llegué en el taxi y Lucas estaba parado en la vereda de la puerta principal.


— Tome. — Le da un billete de cincuenta al taxista y no recibe el cambio.



Abre mi puerta y me toma suavemente del brazo. ¿Qué es lo que le pasa? No entiendo el giro que dio esta situación.
¿Debo confiar en él? Hace años que no lo veo… ¿Si está loco?
Mi cabeza pensaba en posibles respuestas a todas las preguntas que tenía.
Me lleva hasta el ascensor y presiona el botón del sexto piso.
Yo no dije nada y el tampoco, el silencio nos rodeó y nuestras miradas se cruzaron en el espejo que había en el ascensor. Tenía la expresión dura, parecía molesto pero inseguro a la vez. Sus ojos estaban rojos y a pesar de que no estábamos cerca podía sentir el olor a alcohol que tenía.



— ¿Qué sucede? — Le pregunté.



— Nada. — suspiró. Las puertas del ascensor se abrieron y salimos. — Creo que fue un  error haberte llamado.



— ¿Qué? — Pregunté indignada, salí de mi casa pareciendo loca por él, y ahora me dice que fue un error el haberme llamado… — ¿Estás bromeando? Lucas, salí corriendo de casa porque creí que algo malo estaba pasando y luego dices que fue un error que venga. ¿Qué rayos pasa?


El comenzó a caminar cerca de mí, y yo comencé a retroceder hasta que choqué con la puerta, de la que supongo es la que conduce a su casa.
Su rostro estaba a centímetros del mío, su olor a menta habitual se mezclaba con el del alcohol.
Me sorprendí a mi misma por las ganas inmensas que tenía de besarlo.



— Dije que fue un error llamarte, solo porque no quiero enredarte con la porquería que es mi vida. — Dijo mirándome fijamente.



— Si necesitas ayuda en algo, sabes que puedo ayudarte en lo que pueda. — Respondí



El sonrió, pero su sonrisa era amarga. Es como si estuviera resignado por algo.



— Entonces… ¿Qué quieres que haga? — Pregunté suavemente.



— ¿Acompañarme? — Preguntó.


Su aliento era puro alcohol, pero mis ganas de besarlo no cesaron. Estábamos muy cerca, y yo estaba perdiendo todo mi sentido común.
El se acercó más uniendo su cuerpo al mío, y sus manos estaban en mi cintura, donde me acariciaba lentamente.



— Lucas— susurré mientras cerraba mis ojos.


El abrió la puerta de su departamento y entramos. Aún una de sus manos seguía en mi cintura, y con la otra cerró la puerta. Yo caminaba de espaldas mientras él me guiaba al interior de su casa.



— Tan hermosa como siempre… — Susurró a mi oído mientras me seguía acariciando. Yo no podía creer lo que mis oídos estaban escuchando, no podía conectar mis neuronas.
Su voz y esas palabras hicieron que me recorra un escalofrío por la espalda.



 — Lucas estás borracho. — Dije apartándolo mientras puse mis manos en su pecho.



— ¿Eso crees? —



— Se te nota a kilómetros. —



— Que inteligente. — Respondió mientras un hoyuelo aparecía en su sonrisa. Su perfecta sonrisa. — Y dime… que dijo el “Señor controlador” que su novia salió corriendo para verse con otro chico. — Al final de esa frase su risa inundó su casa.



Puse los ojos en blanco ante su comentario y di un vistazo a mi alrededor, su departamento es fantástico. No sé porque pero imagine todo hecho un desastre.
Tengo dos opciones, alguien más vive aquí, o el es un aficionado a la limpieza y el orden, su departamento es impecable. Me inclino a la primera opción.
Las paredes son de un azul marino, pero hay varias luces, por lo que el lugar no es muy oscuro, sus muebles son todos negros y del otro lado de la sala algo llamó mi atención. Tiene una pequeña biblioteca repleta de libros.
Mientras yo estaba mirando su departamento noté que él me miraba divertido.



— ¿Qué? —



— Nada, es gracioso mirarte. —



— ¿Qué tengo de gracioso? —



— Tú cara, tienes la boca abierta, los ojos entrecerrados… ¿Esa es tu cara de observadora? — Dice mientras se tira en el sillón.



— Veo que vuelves a ser el mismo. — Digo enarcando una ceja.



— Nunca fui otro. — Dice encogiéndose de hombros.



— ¿Qué voy a hacer contigo Dubois? — Digo negando con la cabeza y riéndome.



— ¿Quieres que te diga lo que puedes hacer conmigo? — Dice con los ojos cerrados y una sonrisa en su cara. — Ni siquiera te estoy mirando y apuesto que te ruborizaste. —
— Cierra la boca. — Le digo con las mejillas enrojecidas.



— Ven.  — Dice tendiéndome la mano desde el sillón, el aún sigue con los ojos cerrados.



Sin tomar su mano me siento a su lado. El abrió los ojos al instante y se acomodó para que nuestras miradas estén a la misma altura.



— ¿Quieres que te diga lo que puedes hacer conmigo? — Repite y yo levanto las cejas y abro un poco mi boca sorprendida.

El comienza a reírse, y yo frunzo el ceño.



— Creo que es hora de que te vayas a dormir. — Le digo.



— Vamos a mi habitación. — Dice suavemente.



— Creo que ya te sientes mejor, debo irme. — Le digo mientras miro mi celular y veo los mensajes que tengo. Bruno, Ian y Al… Como no.
Decidí mirar primero el mensaje de Al.


*Joder Lene fuiste a ver a Lucas ¿Verdad?, ¿Estás saliendo con él?, ¿Estás bien? Los chicos ya se fueron.*


Luego leí el de Ian que decía que debíamos hablar seriamente. Presiento que está enojado, espero equivocarme.

Antes de leer el de Bruno. Lucas habló.


— ¿Es él? —



— ¿Qué? — No entiendo que tiene contra Bruno, ¿Acaso está celoso?
Borré esa idea al instante. ¿Lucas celoso? Imposible. A él le encanta ser el centro de atención y no soporta cuando otra cosa lo opaca.



— ¿Te vas porque él te escribió? —



— Me voy porque veo que te sientes mejor, estoy cansada, y quiero ir a dormir. —



—  Puedes quedarte aquí, ya es tarde. Y yo no puedo conducir ahora.  —



— Me tomaré un taxi. —



— Quédate, yo dormiré aquí.  —  Señaló el sillón.



— No Lucas. Mañana te llamaré para ver como te sientes. —



— Hay un problema, la puerta está cerrada y no sé donde está la llave. — Dice mientras se acomoda en el sillón. — Borracho, ¿Recuerdas? — Dice apuntándose y sonriendo.



— Lucas, por favor. No estoy de humor. — Trate de ponerme seria, pero la verdad es que estaba muy nerviosa.



— Puedes dormir en mi cama. — Dice mientras se acomoda en el sillón y me da la espalda.



— Mira Lucas, buscaré esa llave aunque tenga que dar vuelta todo el lugar. — El no respondió.



— Lucas, no es gracioso. ¿Piensas que voy a creer que te has dormido? —



Lucas no daba signos de vida, estaba tirado boca abajo en el sillón. Creo que él es un actor de primera, porque casi me creo que esté dormido.
Decidí quitarle las zapatillas para ver si protestaba, pero no se movió. Cuando terminé de sacarlas, miré hacia el suelo, y noté debajo del sillón una botella.
Whisky, eso es lo que decía la etiqueta. A juzgar por lo poco que quedaba pude notar todo lo que él había tomado y me preocupé.
¿Será posible que esté dormido?
Si es verdad que tomó todo lo que pienso, ya debería haberse desmayado hace rato, quizás estaba acostumbrado, o quizás me estaba jugando una broma. Sí, eso debe ser.



— Lucas… — Susurré. — Lucas— Hablé un poco más fuerte.



Luego de varios intentos, el no respondió.
Primero había pensado en tirarle agua fría, pero no quería hacerlo. Preferí buscar la llave.
Sin ir muy a fondo inicié mi búsqueda, miré arriba de la mesa, arriba de los muebles pero no encontré nada. No quería abrir cajones, ni entrar en las habitaciones, solo quería encontrar la llave, despertarlo e irme.
Al ver que mi búsqueda iba muy mal, decidí llamar a Al y contarle todo, le conté donde estaba y le pedí disculpas por irme así como si nada, después de prometerle que todo estaba bien y que yo me encontraba perfecta, ella me sugirió quedarme a regañadientes, dijo que había mucha inseguridad y que no me convenía andar sola, incluso aunque me tome un taxi.
Luego de cortar la llamada decidí leer el mensaje de Bruno.


*Lene quedé preocupado hoy, ¿Crees que mañana podemos juntarnos a hablar?*

  
Era tarde, y Lucas seguía en la misma posición por lo que decidí tomar su sugerencia de acostarme en su cama.
Luego de buscar llegué a su habitación al igual que las demás eran de paredes azules y muebles negros.
Mientras caminaba acaricié el acolchado negro de su cama, me senté y miré a mi alrededor.
Me quité mis zapatillas y me recosté, mientras abrazaba a una de las almohadas que olía igual que Lucas. Me sentía un poco nerviosa, no sabía con que faceta de él me encontraría mañana.

Traté de relajarme y aspirar el delicioso aroma que desprendía su almohada mientras poco a poco iba cerrando mis ojos. 


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